Centenario de Gene Tierney

El pasado mes de noviembre, tuvo lugar el centenario del nacimiento de una de las mejores actrices de la historia. Gene Tierney, de mirada melancólica y aspecto camaleónico según las exigencias del guión, brilló de forma estelar a pesar de haber sufrido una vida de tragedia, digna de cualquier melodrama interpretado en la gran pantalla por ella misma.

Puedes ver aquí el estupendo reportaje sobre su centenario en La2

Nacida en Brooklyn, New York, en 1920, y tras deslumbrar en una prueba de cámara para Anatole Litvak durante una visita familiar a los estudios de la Warner, ya no paró de encarnar personajes de lo más variado y a los que dotó de una magnética presencia en la pantalla.

Gene Eliza Tierney, sin duda uno de los mitos más grandes del cine, decidió embarcarse en la interpretación, aun en contra de la opinión de su padre y así llegar a conquistar Hollywood con una trayectoria compuesta por más de cuarenta films. Tras su exitoso debut en los teatros de Broadway, el productor de la 20th Century Fox la contrató para comenzar a trabajar en la gran pantalla. Su primer compañero cinematográfico fue Henry Fonda en La venganza de Frank James (The Return of Frank James, 1940) y el director era nada más y nada menos que Fritz Lang. A pesar de que la producción fue todo un éxito entre el público, la crítica la consideró la peor revelación de ese año y la propia actriz también pensó en ello, le disgustaba su voz y tras una desaconsejable recomendación de Zanuck empezó a fumar para agravarla. Un hecho tal que le causaría la muerte varias décadas después como consecuencia de un enfisema debido a su adicción al tabaco.

Su destacable belleza no hacía sombra a su calidad interpretativa, ya que podía encarnar tanto un personaje exótico, como Baketamon en Sinuhé el egipcio (The Egyptian, Michael Curtiz, 1954) y Victoria, años antes, en El embrujo de Shanghai (The Shanghai Gesture, Josef von Stenberg, 1941) o como la desaliñada Ellie Mae en La ruta del tabaco (Tobacco Road, John Ford, 1941). De rostro adorable podía pasar a interpretar la mayor crueldad: véase a Ellen en la imprescindible Que el cielo la juzgue (Leave Her To Heaven, John M. Stahl, 1945), en la que su interpretación, de la que ella estaba más orgullosa, le valió la nominación a los Oscars y que no haría sino encumbrarla al olimpo de las divas de Hollywood con todos los parámetros necesarios para el éxito en la industria cinematográfica de esas décadas, en las que su brillo permaneció intacto a pesar de los golpes recibidos en su vida privada en forma de las más trágicas vicisitudes que el destino le tenía preparadas. La estafa que sufrió por parte de su propio padre, maridos infieles, el abandono por parte del candidato a la presidencia, el joven John Kennedy, por temor a que su relación perjudicase a su sueño político, la oposición a la boda con Ali Khan por el padre de este, y suma y sigue.

Sin embargo, lo peor fue que su primera hija nació sorda, ciega y con problemas cerebrales por la rubeola que le contagió por causa de un beso una fan que se había saltado la cuarentena. Ejemplo de lo que puede significar el no seguir las recomendaciones sanitarias, como podemos constatar por desgracia hoy en día.

Aunque repetiría compañero de reparto años después, con Henry Fonda en Anillos en sus dedos, de Rouben Mamoulian (Rings on her Fingers, 1942), y estuvo rodeada de grandes actores como Humphrey Bogart, Spencer Tracy, o Clark Gable, su mítica pareja en la pantalla fue sin duda Dana Andrews, con el que actuó en un total de cinco títulos: La ruta del tabaco, Belle Star, El telón de acero, Laura y Al borde del peligro. Su papel en Laura, de Otto Preminger, no solo constituye uno de los clásicos imprescindibles y obra maestra del cine negro, sino una de las joyas del séptimo arte. Otra obra destacable del film noir, en la que actuó junto a su querido Richard Widmark, fue Noche en la ciudad (Night and the City, Jules Dassin, 1950)

Dana Andrews & Gene Tierney en Laura

En palabras de la propia Tierney en una entrevista para la televisión dijo que Richard Widmark le había enviado la nota más linda cuando estuvo ingresada: “Date prisa en volver, porque si no, seremos viejos y solo podremos hacer de MA and PA KETTLE”

Otros títulos de este género negro en los que podemos ver a Gene Tierney son: Al borde del peligro (Where the sidewalk ends, de Otto Preminger, 1950) otra vez junto a Dana Andrews y de nuevo bajo la dirección de Preminger en Vorágine (Whirlpool, de Otto Preminger, 1949)

Y es que Tierney trabajó a las órdenes de los más grandes. Tras los citados directores, habría que añadir a la lista a Ernst Lubistch, con El diablo dijo no (Heaven Can Wait, 1943), Mitchell Leisen director de la comedia Casado y con dos suegras (The Mating Season, 1951) o Joseph L. Mankiewicz en su debut como director con El castillo de Dragonwyck, (Dragonwyck, 1946) en la que Tierney compartiría protagonismo con el genial Vincent Price, también actor en Laura. Con Mankievich también haría una de mis películas preferidas de su filmografía, la maravillosa El fantasma y la Sra. Muir (The Ghost and Ms. Muir, 1947) una comedia de ficción en la que los muertos y los vivos se mezclan en una relación amorosa innovadora por su argumento para la época.

De todos estos directores, Preminger siempre la apoyó y la ayudó a volver a la pantalla con una interpretación en Tempestad sobre Washington (Advise & Consent, 1962)

Cuando empezó a manifestar inestabilidad mental, olvidaba diálogos y hasta desaparecía en medio de los rodajes. No aprobaba los tratamientos de electrochoque para combatir la terrible depresión que sufría y no escondió el problema de la enfermedad mental, lo cual sin duda ayudó a mucha gente a comprenderlo mejor: “Cuando tengo algún ataque, porque en ocasiones aún los tengo, no me avergüenza decirlo porque no puedes avergonzarte de algo que no puedes controlar. Tomo mis medicinas y voy al médico.”

El final de su carrera lo completaron los títulos Cariño amargo (Toys in the Attic, George Roy Hill, 1963) un melodrama de tinte sureño y En busca del amor (The Pleasure Seekers, Jean Negulesco, 1964) comedia romántica medio musical, aunque hizo algunas apariciones en televisión.

Siempre nos quedará su talento y su belleza felina, intacta tanto en el espléndido blanco y negro de la gran pantalla como en el Technicolor más vívido. Tanto fue así, que llegó a ser calificada como la mujer más bella durante su reinado cinematográfico. En palabras de Darryl F. Zanuck, “incuestionablemente la mujer más bella de la historia del cine”. Talento y belleza que confluyen en un merecido reconocimiento a su carrera por parte de crítica y cinéfilos.

Textos © 2020, Guillermo López Mao
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El Neo-Noir y la sombra del pasado

El estilo del cine negro clásico sigue latente de un modo enigmático y referencial en el llamado neo noir. Ciertas secuencias o planos evocan una atmósfera que nos recuerda a algunas de las grandes producciones representativas del género y nos retrotraen a ciertos déjà vu fílmicos. Los personajes siguen apareciendo a menudo en la oscuridad y sus sombras cobran tanto protagonismo como ellos.

Así como el noir clásico surgió en un momento determinado de la historia y en un contexto particular que reflejaba una realidad social con un gran calado en la audiencia, el nuevo noir no es ajeno a estas circunstancias influidas por todo lo que nos rodea, aunque las épocas sean bien distintas y muestren una realidad que en algunos aspectos poco o nada tiene que ver con el pasado.

Fotograma del film Brick, 2005

El tono a menudo oscuro y pesimista estaba claramente influenciado por los momentos bélicos presentes en las décadas de los años cuarenta y cincuenta.

En el caso del neo noir, a pesar de coexistir con otras guerras más recientes, su tono se encuentra inmerso además en locuras derivadas de otros males como el capitalismo salvaje, la deshumanización u otro tipo de crímenes más perfeccionados. Aun así, no pierde la capacidad de impactar en el espectador, como también lo hizo su antepasado clásico en la gran pantalla.

Son esos filmes, que trascienden ese contexto clásico y al mismo tiempo nos presentan otros miedos, otras angustias, problemas y situaciones inherentes a nuestro día a día, los que toman sus nutrientes estéticos de los clásicos y los metabolizan en un paisaje, sin dudas ya futurista.

¿Siguen teniendo entonces estos filmes esa huella noir?

En mi opinión, la respuesta es sí. La sombra de lo clásico en lo moderno sigue siendo alargada, y de hecho, hay frases de clásicos que podrían encajar perfectamente en un neo noir actual, como por ejemplo las que suelta de modo brillante el personaje de Steele, interpretado por Bogart en la maravillosa “En un lugar solitario” (In a Lonely Place, Nicholas Ray. 1950)

Luchan para limpiar el mundo de sus antiguos males, de sus antiguos vicios.”

O mejor aún…

No hay sacrificio demasiado grande para alcanzar la inmortalidad.”

Textos © 2020, Guillermo López Mao
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Serie negra

Mientras rebuscaba entre un montón de revistas de cine, recortes, fascículos, fotografías  y demás, encontré esta pequeña publicación que en 1990 (creo recordar) sacó El País en formato cuadernillo de Relatos de verano, serie negra. En este caso, se trata del número uno de dicha serie que contiene dos relatos de Dashiell Hammett titulados El ángel del segundo piso y Un obstáculo en el camino. Ambos relatos forman parte de la obra El precio del delito.

Esta acertada edición de 16 páginas y que reúne relatos de grandes escritores del género negro, cuenta con una especie de «simbiosis artística» en la que por un lado tenemos estos cuentos magistrales del considerado si no el mejor, sin duda uno de los más brillantes escritores de novela negra y relatos y por otro lado, las estupendas  ilustraciones obra de Jordi Bernet con un acertado estilo que refleja muy bien la estética noir en la línea del cómic Torpedo.

A pesar de haber escrito solo cinco novelas, Cosecha roja (Red Harvest, 1929), La maldición de los Dain (The Dain Curse, 1929), El halcón maltés (The Maltese Falcon,1930), La llave de cristal (The Glass Key, 1931), El hombre delgado (The Thin Man, 1934), Hammett dejó una profunda huella en el género que marcaría las pautas que toda novela negra habría de tener a posteriori.

Sus relatos o cuentos, sin embargo, son más numerosos, más de setenta, que podemos disfrutar en colecciones recopilatorias como Dinero sangriento ($106,000 Blood Money, 1943), El agente de la Continental (The Continental Op, 1945), protagonizados estos por el detective de Cosecha Roja, El gran golpe (The Big Knockover, 1966) y finalmente colecciones completas de todos sus relatos en Todos los cuentos o Disparos en la noche. Cuentos completos.

Y es que como dijo Raymond Chandler sobre él: «Todo lo que hizo lo hizo de un modo soberbio».

Textos © 2020, Guillermo López Mao
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El halcón maltés: un ave magnífica

Este documental sobre la película de John Huston, The Maltese Falcon (El halcón maltés, 1941) nos descubre cómo se gestó la adaptación cinematográfica de esta obra de Dashiell Hammett.

Considerada la primera en su género, abre la corriente noir gracias a las novelas Pulp y constituye el prototipo de película de cine negro con todos sus elementos tan característicos. Para muchos críticos, quizá el mejor film sobre detectives jamás realizado.

Humphrey Bogart con El halcón maltés (The Maltese Falcon, de John Huston, 1941)

Ópera prima de John Huston, El halcón maltés ya había sido adaptado a la gran pantalla en dos intentos (por Roy Del Ruth en The Maltese Falcon, 1931 y posteriormente en clave de comedia en Satan Met a Lady, de William Dieterle en 1936) pero es en esta joya de 1941 donde podemos disfrutar de uno de los papeles más carismáticos del gran Humphrey Bogart.

Textos © 2020, Guillermo López Mao
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Kirk Douglas, siempre indomable

El pasado miércoles nos ha dejado uno de los más grandes actores del séptimo arte. Kirk Douglas, cuyo verdadero nombre era Issur Danilovich Demsky, progresista y filántropo hasta el final, no solo ha interpretado a personajes inolvidables del séptimo arte, de esos que perduran en nuestra memoria, sino que también ha luchado contra la censura y cualquier forma de racismo y fascismo con las que tantas veces el cine se ha cruzado a lo largo de su historia.

Su apoyo e insistencia en que el nombre de Dalton Trumbo (guionista de Espartaco) siguiese apareciendo en los títulos de crédito, pese a todo tipo de amenazas, supuso un “no” rotundo a esa actitud de comulgar con el miedo que muchos otros trabajadores del mundo del cine se vieron obligados a aceptar durante la llamada “caza de brujas” del macarthismo. Pero el bueno de Kirk, protagonista y productor de la película, fiel a sus principios a pesar de toda clase de impedimentos, continuó en la lucha y gracias a él podemos disfrutar de todo un alegato a la libertad y un repertorio de clásicos y obras maestras indiscutibles de la historia del cine.

Ese impulso necesario que por aquel entonces un joven Kubrick (con el que ya había trabajado en Senderos de gloria de 1957) recibió de manos de Douglas, cuando nadie confiaba en su decisión de poner al frente de un proyecto de aquella magnitud a un director tan perfeccionista como él, contribuyó a que la figura del cineasta creciese, convirtiéndose en un director respetado y cada vez más admirado. Pese a no haber cosechado el éxito esperado en la época, Senderos de gloria, antibelicista e innovadora en sus planos, es una de las películas de las que se sentía más orgulloso. Aunque confesaba no sentirse del todo cómodo o satisfecho al verse en sus trabajos, porque sentía que podría haberlo hecho mejor, siempre con un afán de perfeccionamiento, una de las películas de las que estaba más orgulloso en cuanto a su imagen era el western Los valientes andan solos (Lonely are the Brave, de David Miller, 1962)

Su filmografía es tan extensa (107 películas en las que aparece como reparto y 3 como director) que este sería un artículo interminable si escribiese sobre todas ellas, así que en cuanto al cine negro, que es lo que nos ocupa aquí, ha interpretado unos cuantos papeles más que destacables como Midge en El ídolo de barro (Champion, de Mark Robson, 1949) película en la que interpreta a un boxeador obstinado e impulsivo, Whit en la magnífica Retorno al pasado (Out of the Past, de Jacques Tourneur, 1947) considerada una de las mejores del género y una de mis preferidas junto a El extraño amor de Martha Ivers (The Strange Love of Martha Ivers, de Lewis Milestone, 1946) que supuso su debut en la pantalla, o El gran carnaval (Ace in the Hole, también conocida como The Big Carnival, de Billy Wilder, 1951) todas ellas obras de referencia del noir, por no hablar de tantos y tantos títulos en casi todos los géneros cinematográficos, como el western El último tren de Gun Hill (Last Train from Gun Hill, de John Sturges, 1959), la maravillosa El loco del pelo rojo (Lust for Life, de Vicente Minnelli, 1956) donde interpreta al atormentado Vincent Van Gogh de manera magistral. En Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, de Vicente Minnelli, 1952), sobre el cine dentro del cine, está pletórico y cómo no, sus dos obras maestras bajo la dirección de Stanley Kubrick, Espartaco (Spartacus, 1960) y Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957)

Con él, actor versátil donde los haya, grande entre los grandes, se va el último de los actores clásicos de aquella época memorable de la historia del cine, de la que solo nos queda la gran Olivia de Havilland como última estrella de las actrices del Hollywood dorado.

Hoy, todos los aficionados al cine con letras mayúsculas somos Espartaco, somos Kirk Douglas.

Textos © 2020, Guillermo López Mao
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Estética noir: el expresionismo

El cine negro tiene su influencia estética más importante en el expresionismo artístico europeo y más concretamente en la corriente expresionista alemana. Esta corriente, especialmente en Centroeuropa, se había mostrado rebelde y dispuesta a mostrar sin complejos la naturaleza humana, una especie de revelación de la realidad frente al idealismo. Esa cara oculta de todo lo que nos rodea se muestra innovadora e impactante en el color y las formas, y crea un estilo muy característico y fácilmente identificable tanto en la pintura como en el séptimo arte.

Desde los grupos más importantes de esta corriente expresionista en la pintura como Die Brücke (El puente) que surgió en Dresde en 1905, coetáneo del Fauvismo francés y Der Blaue Reiter (El jinete azul) en Munich seis años más tarde, a su manera anti impresionista y primitiva en las formas, con un aire de irracionalidad, hasta la escultura en la que también encontramos este germen del misterio y tratamiento de los juegos de luces y sombras, encontramos referencias e influencias notables en el cine negro que fueron sin duda admiradas y releídas por los grandes cineastas alemanes de principios del siglo XX para crear no solo obras maestras, sino auténticas obras de arte.

Películas como El Golem (Der Golem, de Paul Wegener y Carl Boese en su segunda versión de 1920), El estudiante de Praga (Der Student von Prag, de Paul Wegener y Stellan Tye, 1913), El Gabinete del Dr. Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, de Robert Wiene), Fausto (Faust, de F.W. Murnau, 1926), Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, de F.W. Murnau, 1922), El testamento del Dr. Mabuse (Das testament des Dr. Mabuse, de Fritz Lang, 1933) o Metrópolis (Metropolis, de Fritz Lang, 1927) entre otras, son algunas de las obras de referencia y más influyentes en lo que fueron no solo los inicios del cine de gángsters y negro, sino en toda la corriente posterior hasta incluso después de 1959 (año considerado el fin movimiento noir como tal según algunos críticos)

En este punto es necesario decir que un grupo importante de cineastas alemanes y de Europa Central como Otto Preminger, Fritz Lang, Robert Siodmak, Fred Zinnemann o Billy Wylder entre otros, habían emigrado a Hollywood y creado la mayoría de las obras maestras del género. Un episodio clave para este tipo de cine, del que escribiré en una próxima entrada.

El tratamiento de la iluminación y los juegos de luces y sombras, clave en este tipo de cine, tiene la facultad de darnos mucha información sobre los personajes y las situaciones por las que pasan. Los contrastes de luz y sombra pueden presentarnos a un personaje como un villano o un héroe, a una mujer inocente o a una femme fatale, dependiendo de cómo estos sean iluminados, dotándoles de una destacada y característica ambigüedad. Mediante ese contraste de luces y sombras podemos llegara a vislumbrar el estado interior de los personajes. Exaltar la belleza o la crudeza de una imagen con planos de luces y sombras en ocasiones de un modo tenebrista (influencia también de la pintura con el claroscuro, sobre todo en los encuadres) es un recurso muy utilizado en este género cinematográfico.

Es por ello que en muchas ocasiones las apariencias de las formas, los perfiles, las imágenes no se muestran del todo definidas, sino que las sombras las difuminan creando la duda, el misterio que siempre planea a lo largo de toda la historia que se nos cuenta en la pantalla.

Son destacables también los novedosos encuadres en ángulos casi imposibles no vistos hasta ese momento y que dotan a la imagen de un dramatismo y misterio acentuados de manera impactante para el espectador. El cine negro destaca por haber creado un propio lenguaje de luces y sombras, que junto a las demás características de los elementos heredados del expresionismo de los años 20 y 30, hacen de él el mejor ejemplo de superación ante la adversidad en la producción cinematográfica. Tiene una plasticidad que no se ve reducida por la escasez de medios, sino que potencia la creatividad, haciendo de este género uno de los más atractivos visualmente.

El uso de la luz blanca y el negro de su ausencia determinan varios grados de estados anímicos y crean en el espectador sensaciones tan diversas como angustia, esperanza, duda o empatía. Sin olvidar la gran gama de grises que estos dos colores pueden crear, la belleza de las imágenes en blanco y negro sigue siendo para mí más potente e impactante que el color en este caso. Y es que el cine negro, si no fuese en blanco y negro, sería menos noir.

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La iluminación

Aunque muchas veces limitados por el presupuesto y la tecnología disponible en aquel momento, los directores de fotografía del género negro se valían de su gran talento para dotar a este género de esa atmósfera llena de misterio, glamur y atractivo estético tan característicos.

El elemento común y más característico de la iluminación en el cine negro es el llamado claroscuro (el contraste acusado entre la luz y las sombras, principalmente en la pintura –chiaroscuro-, pero que en este caso se aplicó al celuloide) que consiste en crear la sensación de volumen y profundidad mediante una combinación de iluminación intensa y sombras, superando así el aspecto plano inicial del blanco y negro brillante cuando no hay mucho contraste. Esta técnica está especialmente presente en la época dorada del cine negro desde el año 40 hasta el 59.

El sistema tradicional de iluminación es el de tres puntos de luz three-point lightning-. La más importante es la luz principal, que es la más brillante y dominante, que muestra la parte que se quiere destacar por encima de todo. Como complemento y en contraposición a esta luz está la complementaria, que sirve para rellenar las sombras dejadas por la luz principal. Finalmente, la luz de fondo tiene la función de añadir un esbozo para separar lo que ocurre en un segundo plano.

Sistema tradicional de iluminación
Sistema tradicional de iluminación – 3 puntos de luz

Las más predominantes son las luces principales y las de fondo. La luz de relleno o complementaria no es tan dominante cuando queremos exagerar el contraste y obtener ese aspecto de baja iluminación.

El cine negro generalmente usa luces duras (la dureza o suavidad de la luz es el tipo de sombras que crea) Las luces duras, por ejemplo, dejan sombras afiladas creadas por una fuente de luz de punto único donde los rayos de luz apuntan desde un solo punto en el espacio. Las luces suaves, por el contrario, dejan sombras difusas y son creadas por un área mayor de luz donde los rayos son esparcidos en direcciones diferentes, es una luz que tiende a envolver a los objetos. Las duras son usadas en escenas en las que se quiere destacar una silueta, iluminar partes de una habitación o la luz que entra a través de los huecos de las persianas… la suave se usa muchas veces para iluminar la presencia glamurosa de un personaje.

Textos © 2020, Guillermo López Mao

Las mejores películas

A pesar de que este tipo de películas están englobadas en un marco temporal y social propio de la época, pues retrataban en su mayor parte una realidad, aquí puedes consultar una lista con los principales títulos del género negro.

Naturalmente, hay muchas más, pero he tratado de sintetizar aquellas más relevantes y que mejor definen los distintos tipos de subgéneros dentro del fascinante mundo del film noir.

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¿De qué va este sitio?

Siempre me ha fascinado el cine negro, pero ¿qué es exactamente? ¿existe una definición en la cual encaje? Me temo que no, y es que ni los críticos cinematográficos se ponen totalmente de acuerdo en clasificar a este tipo de cine. Eso, en mi opinión, es lo que lo hace grande e interesante, una corriente viva, un celuloide en continua transformación.
Sabemos de sobra que en 1941 The Maltese Falcon (El halcón maltés, de John Huston) inaugura este movimiento, que no género según algunos (aunque hay otra versión anterior de Roy del Ruth en 1931 y que también es un remake de Satan met a lady, de William Dieterle en 1936) y en 1959 Sed de mal (Touch of Evil, de Orson Welles) lo clausura. ¿Toda la historia acaba aquí? Hum… no lo creo.
Por eso, en Todofilmnoir podrás leer sobre la historia y curiosidades, anécdotas y literatura relacionada con el género no solo del Film noir, sino también del Neo-noir, caracterizado por temas más actuales y atmósferas diferentes sin renunciar a los juegos de luces y sombras y otros elementos clásicos del cine negro.

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